
Son esas que te alcanzan cuando desfalleces en tu soledad, versos que te hacen sentir la estrechez de la blusa que llevas puesta ante un suspiro, mis palabras son aquellas que te ensanchan el pecho a la palabra amigo, es la que esperas oír cuando todo calla a tu entorno, mis palabras pueden ser cuchillos, de gran filo, que liberan tus ataduras.
Hoy es la que al leerla me imaginas con sentimientos sinceros, muy groseros para la hipocresía que algunos ya fallecidos quieren ponerle, en la distancia es mi voz que te trasmite toda sensación que puedas imaginar, eres tu quien lo limita, cada una podría hacerte llorar si es que llego a tocar tu mas oscuro secreto y lo ponga expuesto al sol; mis palabras guardan confiabilidad, se retraen a tu pedido, obedecen a tu voz cuando callas en el tiempo, tu silencio me dice no diga.
Yo encadenado a mis versos, trato de darme cierta libertad al escribírtelos, cuando la mente mía se ve asaltada por cuatreros de viejos tiempos, tipos que cabalgan cortas distancias en su ignorancia, menores a la mía, muy pobres en sentimientos y autoestima, en ellos son martillos inmensos mis palabras.
De la voz femenina, que me acusa dar la espalda a quien me cuida y me guarda, sus palabras son tan ciertas como el aire que respiras, así imagínala, tiene toda la razón hasta en los ruidos que transmite, también di mis palabras en esa dirección, solo olvido esa vieja que también existe la palabra misericordia, la fe, no solo de esas que mueven montañas, sino de esas que pueden levantar generación hasta de lo estéril, mis palabras llegarán a él, cuando en mi humildad comprobada incline su oído y una vez más me conceda lo que tiene reservado para mí, sin prisa todo lo que es tuyo te será dado; con mis palabras me atreveré a prometerle por mi nueva generación.
Ahora con las palabras déjame vestirme de fe, de esperanza, de ti, de tus versos, de la queja del vecino, de la esperanza del mendigo, recuerda es mi voz que te llama, es mi voz hecha palabra, cuando en tu silencio te susurro que te preñes de esperanzas puras, dignas de todo ser que ama, que puedas parir futuro y en una palabra pura sincera, grata, digamos el uno al otro gracias por existir, la palabra prendada ahí no será necesaria, tu si habrá acariciado el futuro, el tuyo y el mió, el futuro de los que vienen de los hilos de tu sangre, ahí sabré la razón de todos los seres cuando dicen te amo.
Sabré diferenciar el día de la noche en mi corazón.
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